Sharing economy: una revolución silenciosa

Esta semana, nuestra invitada en StoriesOn es:

Esther Paniagua, periodista especializada en ciencia, tecnología y economía colaborativa. Escribe en Muy Interesante, El Mundo, TLife.guru y otros. Es co-curator entrante del hub de Madrid de Global Shapers.


Sí, ya sé, ¿qué tiene de silenciosa la sharing economy o economía colaborativa, si ya hace tiempo que se empezó a oír sobre ella? Cierto, pero no me refiero a eso. Se trata de lo que está sucediendo en nuestras ciudades mientras debatimos sobre qué es, qué no es y cómo debe funcionar este modelo.

Para quien no esté muy metido en esto, la sharing economy se basa en la prestación de bienes -infrautilizados u ociosos- o de servicios entre iguales. La clave es precisamente esta: el consumidor se convierte en productor, y viceversa, dando lugar a un nuevo concepto de ‘prosumidor’. Por ejemplo, podemos viajar a otro país y hospedarnos en una habitación en un apartamento compartido que encontramos en Airbnb y, al mismo tiempo, ser nosotros quienes damos alojamiento a alguien que encontró nuestra casa en esa misma plataforma.

StoriesOn

*Crédito de imagen: Leo Barnett

El boom

Este tipo de intercambios se daban también antes, offline y de manera más informal. Su auge ahora se debe a la emergencia de cientos de start-ups tecnológicas que estructuran, facilitan y potencian este modelo. Las iniciativas ahora son muchas más, y su alcance es ilimitado. Antes publicábamos en un tablón de anuncios de nuestro barrio cosas como por ejemplo “comparto apartamento”, “cambio mi impresora por un reproductor DVD” o “viajo a Santander y tengo plazas en mi carro para compartir gastos”. Ahora ese tablón es internet, y está abierto al mundo.

Entre sus ventajas destacan la generación de empleo (en Reino Unido ya representa dos de cada cinco de los puestos de trabajo creados en 2014); una economía del acceso, al permitir intercambios más económicos o incluso gratuitos, con un número ilimitado de proveedores y de clientes; transparencia, con un perfil de prosumidor informado y de calidad; y un mejor servicio para el cliente, en tanto que te juegas tu reputación. Además, es una vía para el emprendimiento, gracias a las plataformas de crowdfunding.

Todo esto se traduce en la generación de riqueza. PwC estima que el valor potencial de los que califica como “los cinco principales sectores en los que opera este modelo” (crowdfunding, empleo, alojamiento, transporte y compartición de musica y vídeo) será de 335 billones de dólares. Y es que a acogida de estas plataformas crece sin parar. En Estados Unidos las usan más de 80 millones de personas, según un informe de la agencia Leo Barnett. sigue en adopción Reino Unido, con un 25% de uso entre los adultos, según otro estudio de Nesta.

StoriesOn

Esta organización sin ánimo de lucro prevé que, en 2015, la sharing economy supondrá el 50% del mercado en áreas clave como el alojamiento vacacional y el alquiler y uso compartido de automóviles. Esta es precisamente la revolución: su extraordinaria adopción está provocando cambios disruptivos en sectores como el turismo, no porque ahora los altos ejecutivos vayan a usar Airbnb o BlaBlaCar sino porque posibilita el acceso de personas excluidas del sistema tradicional, ya sea por cuestiones de ingresos o de recursos, o porque este modelo no satisfacía sus intereses o necesidades.

Esta economía del acceso abre la puerta de entrada a una basta cantidad de prosumidores. Paradójicamente, en un modelo que pretende reducir el consumo crece el consumo. Pero la lectura no es exactamente esa. En realidad se produce un aprovechamiento de recursos: viajas usando una plaza de un carro que iba a desplazarse contigo o sin ti, y te hospedas en un apartamento con una habitación que estaría vacía si tú no la estuvieras ocupando.

Pese a los temores del lobby hotelero, no es que vaya a desaparecer el turismo tradicional sino que el mercado es cada vez mayor. De hecho, ya está creciendo: España, por ejemplo, registró en febrero una cifra récord en turismo extranjero y los hoteles, lejos de perder clientes, los ganaron (con un 4,4% más de ocupación sobre el mismo mes del año anterior).

Prohibiciones

Aún así, existe desde este sector un fuerte movimiento de presión para limitar la economía colaborativa, bajo la excusa de regularizar el mercado. Incluso grandes cadenas como NH o Starwood están promoviendo la creación de un lobby global para unir fuerzas en este y otros asuntos. Consideran injusto que ellos tengan que competir con una gran cantidad de normas y requisitos legales que cumplor mientras las iniciativas colaborativas lo hacen sin apenas obligaciones y con producto sustituible.

Este argumento es falaz, ya que ambos sectores tienen varas de medir distintas. A diferencia de los mercados tradicionales, la sharing economy se basa en la confianza y en la autorregulación mediante sistemas de valoración abiertos. Así que el problema afecta a la esencia de la competencia en nuestra sociedad y atenta también contra la libertad de los usuarios a elegir.

En la práctica, la presión de estos grupos puede traducirse en una restricción de las actividades colaborativas. En España se está tramitando una norma que prohíbe revender entradas en internet, y en muchas ciudades los particulares tampoco pueden alojar a otras personas si no disponen de una licencia para ello. Caso aparte es el de Uber, cuya actividad fue prohibida en todo el territorio nacional por un juez. Si bien es cierto que es muy cuestionable que Uber pueda catalogarse como empresa colaborativa.Estas limitaciones suponen en la práctica un coto a los emprendedores y microemprendedores que las crean o que se financian gracias a ellas.

StoriesOn

Capitalismo, ¿sí o no?

España no es el único país restrictivo, aunque hay otros como Reino Unido que optan por lo contrario: legalizar la actividad de las plataformas enmarcadas dentro de la sharing economy. Este uno de los grandes debates en torno a la economía colaborativa en todo el mundo. El otro es algo más filosófico y que tiene que ver con una cuestión de taxonomía: ¿qué es y qué no es economía colaborativa?, ¿es una moda o un nuevo paradigma?

Hay quienes critican que las iniciativas actuales se han fraguado dentro del sistema capitalista. Consideran que estas no deben implicar a empresas ni tampoco ánimo de lucro y prefieren centrarse en el cambio de paradigma económico que podría suponer este modelo fuera del capitalismo.

Otros -entre los que me incluyo- creemos que hoy día no estaríamos hablando de economía colaborativa si no hubiera emergido dentro del modelo del capital, y que la implicación de empresas y la generación de riqueza no es negativa, sino todo lo contrario. Se trata de que sea un modelo de todos, en el que podamos seguir haciendo las mismas cosas y otras nuevas pero de manera diferente: en comunidad, de forma más humana, más sostenible, más inclusiva y más justa.

Si Shakespeare levantara la cabeza…

Pero, como decía al principio, más allá del mero debate teórico ahí fuera hay una realidad, que curiosamente comienza en nuestros ordenadores y dispositivos móviles. Y es que hay familias que pagan sus facturas gracias a comunidades de online que les permiten compartir sus casas y ganar a cambio algún dinero, a la vez que conocen personas nuevas (unas tremendamente interesantes y otras menos).

Con ese simple gesto ya están abriendo nuevas oportunidades y experiencias vivenciales, de turismo, económicas o de aprendizaje, que por sí solas hacen su aportación a un mundo mejor. Unámonos a este movimiento que no es político, ni económico, sino humano. Porque la cuestión ya no es “to be or not to be” sino “to share or not to share”. ¡No nos mires, únete!

Esther Paniagua.

%d personas les gusta esto:
Help us to inspire :)

Please help us to spread the stories and shape the world. Like us: