EL MURO QUE NOS UNE  

“México: Tan lejos de Dios y tan cerca de los United States”

Esta frase celebre, dicha por el dictador Mexicano Porfirio Díaz, definió la dirección del país durante gran parte del siglo XX. Cien años después, con Donald Trump en todos los medios promoviendo la construcción de un muro a lo largo de la frontera con su país vecino, la frase parece tener mayor sentido que nunca.

A pesar de que ambos países comparten una historia de haber luchado para independizarse de monarquías extranjeras, es extraño que en lugar de aliarse se convirtieron en una historia de Caín y Abel. Estados Unidos se apropió de gran parte del norte de México en 1848 y con esto definió la relación de esta hermandad durante los próximos 150 años.

Uno de los sucesos interesantes que surgieron después de esta expatriación de California fue la creación de la frontera norte de México. Tiempo después, se conectó el este de Estados Unidos con el Sur de California, creando las avanzadas ciudades de Los Ángeles y San Diego.

La ciudad de Tijuana le apostó al turismo desde un principio, pero no fue hasta 1929 a través de un desarrollo turístico impresionante llamado el Casino de Agua Caliente, producto de la ley seca, lo que puso a la ciudad en el mapa.

Ochenta y cinco años adelante logramos percibir regiones muy distintas, aun comunicadas por su frontera, en la que transitan 48 millones de personas por año. Pero, sin embargo, con el paso del tiempo nos fuimos alejando más y más. Tan es así que si preguntas a un San Dieguino común cuál es su percepción de la ciudad, jamás te dirán que es una ciudad fronteriza.

Desde la perspectiva general de países (EU-MEX), estados (California-Baja California) y ciudades (Tijuana-San Diego), tenemos nuestras fuertes diferencias económicas, políticas y sociales. Pero en lo particular, entre las zonas urbanas del Centro de Tijuana (donde se encuentra la frontera) y San Ysidro (la ciudad inmediata a la frontera de EU), los problemas y perfiles sociodemográficos son muy similares.

La falta de comercio fronterizo impacta directamente al desarrollo de áreas de San Diego. En lo particular San Ysidro, que ha sufrido los mismos problemas que el Centro de Tijuana, ambas por ser zonas que se encuentran relegadas y desprotegidas del resto de sus condados o metrópolis. San Ysidro cuenta con más del doble de pobreza que el resto de la ciudad de San Diego. La economía de San Ysidro depende enormemente de compradores de México y lo que mas pega a los comercios del lugar no es el tipo de cambio ni la recesión, sino el tiempo de espera para cruzar la frontera.

Lo que ha hecho a grandes metrópolis crecer su potencial ha sido la colaboración internacional que suele surgir entre ciudades: Los Ángeles con China, a través de su comercio marítimo; Nueva York con Londres, a través de sus mercados financieros y en el caso de Silicon Valley con el mundo entero de tecnología.

Y aquí es donde el concepto de construir un muro más alto se vuelve más paradójico, porque el mejor aliado de San Ysidro no es el resto de San Diego, sino Tijuana – y específicamente el centro de Tijuana. Pero a grande escala, San Diego también debería de potencializar más su relación con la ciudad Mexicana para aumentar su competitividad.

Los gobiernos, empresarios e inversionistas de esta región debemos de ejecutar la colaboración binacional a nivel urbano, emprendiendo en proyectos como una ciclovía binacional, crear infraestructura de vivienda, generar comercio e impulsar las industrias de innovación a nuestro favor como frontera. Debemos de capitalizar los beneficios fiscales, laborales, económicos y culturales de vivir y trabajar en ambos lados de la frontera; empezando con las zonas que están a solo cien metros de distancia de cada uno.

La visión de la colaboración debe demostrarse desde el punto de vista de bienes raíces a una escala urbana. Es aquí donde la colaboración binacional es de suma importancia, ya que Tijuana tiene sus zonas doradas donde actualmente existe un boom inmobiliario comparable al de San Diego. Pero ambas ciudades están muy desconectadas de su clase media y esta es una gran oportunidad que Tijuana debería aprovechar.

El enfoque del los desarrolladores de bienes raíces debería contemplar un panorama donde las personas de clase media que trabajan en San Diego puedan vivir en Tijuana e invertir con sus dólares ahí, haciendo llegar mucho más lejos su dinero en una economía como la de México. El derrame económico de esto impacta no solo al sector inmobiliario y de construcción sino a los sectores de entretenimiento, telecomunicación, salud pública, bancario, legal, y educativo.

La flexibilidad que te brinda llevar una vida fronteriza son numerosas. En cuestión de sus calidades de vida, se pueden escoger los mejores sistemas educativos que les permitan educar a sus hijos. Imagínate poder crecer en un sistema educativo como el Mexicano durante tus primeros años de formación y en la universidad lograr irte a un sistema americano avanzado. Esto permite a las personas percibir los dos lados de la tortilla a su favor, comprendiendo cómo hacer negocios y ver puntos de vista desde diferentes espectros.

La idea de esta bi-nacionalidad simplemente es hacer más con nuestros recursos, utilizando a favor nuestra posición geográfica privilegiada y capitalizando los beneficios de vivir en una frontera. A veces, el mejor vecino no es el que habla el mismo idioma o el que opera de la misma manera, sino el que trabaja de forma distinta.

Más allá de construir un muro más grande hay que reconocer que estamos unidos a pesar de ese muro, y debemos trabajar para minimizarlo.

Miguel Marshall es CEO de Centro Ventures, un grupo desarrollador de espacios urbanos enfocado en revitalizar en comunidades emergentes a través de inversiones en bienes y raíces y su infraestructura urbana.

Twitter: @miguelmarshall

 

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